Doblaje, ¿sí o no?

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La semana pasada leí un artículo en El País que me dejó dándole vueltas una vez más al tema del doblaje en España. El artículo en concreto es una entrevista al actor Alejo Sauras con motivo del estreno de su última película Solo Química y, entre otras cosas, la periodista le pregunta su opinión sobre el doblaje de las películas. Parte de su respuesta me sorprendió bastante:

“Quizás sea la causa por la que los españoles no hablamos idiomas. Creo que las películas dobladas pierden mucho. A veces el doblaje ayuda a una mala película, pero creo que no hay que mejorarlas ni empeorarlas. Pienso que no ayuda al cine como industria ni al espectador. Particularmente no soporto nada las voces que les ponen a los negros. Me pone nervioso.”

 

Empecemos por el principio. Década de los 30, llega el sonido al cine y con ello las voces de los actores. Hay que tener en cuenta que la gran mayoría de películas eran de habla inglesa, el conocimiento de idiomas en España era escaso y el idioma más estudiado por aquel entonces era el francés. Por lo tanto, con el auge de las películas cómo medio de entretenimiento, la solución para que los españoles pudieran entenderlas fue traducirlas y doblarlas al español. A esto hay que sumarle que, con la llegada del franquismo, todas las películas proyectadas en España debían tener un doblaje en español según la Ley de Defensa del Idioma de 1941. Con esta ley, se pretendía ejercer la censura y, por lo tanto, hacer cambios en el guión de cualquier película manipulando al espectador. Dicho esto, está claro que el doblaje ha estado ligado a nuestra cultura históricamente.

Por otro lado, y por lo que yo misma he podido comprobar, en este país el sistema de enseñanza de idiomas en el colegio deja mucho que desear. Y, a veces veo que, en general, la gente no tiene interés por los idiomas extranjeros, aunque afortunadamente esto está cambiando poco a poco. Pero, con todo el respeto, me sorprende muchísimo que alguien diga que el doblaje puede ser una de las causas por las que no hablamos idiomas porque sinceramente creo que los tiros no van por ahí. Quizá tendríamos que hablar de educación, pero ese es otro debate.

Otra cosa que me llama la atención es que diga que el doblaje no ayuda al cine como industria. No puedo entender esto de parte de alguien que vive del cine. Gracias al doblaje los espectadores pagan su entrada y ven la película y, con ello, contribuyen a la industria. Repito, quizá tendríamos que centrar el debate en la educación y las costumbres.

He de decir que con los años he cambiado mi opinión sobre el doblaje y desde que empecé a estudiar traducción audiovisual entiendo muchas de las cosas que antes no entendía.
Yo he sido la primera que siempre me ha gustado más ver una película en versión original porque me gusta escuchar las voces originales (me ha llamado la atención desde que era pequeña), porque me permite pensar en cómo traduciría una palabra o una frase, y por aquello de que muchas veces se pierden los matices y los juegos de palabras que no siempre tendrán una traducción exacta. Pero esa es simplemente mi visión y mi curiosidad por los idiomas y la traducción. Me pongo a pensar en mi abuela de sesenta y tantos años, en mi madre, o incluso en muchos de mis amigos, y sinceramente, el escuchar las voces originales o la pérdida de matices en la traducción, les importa más bien poco. El cine está hecho para entretener, para contar historias, para distraer y, en general, eso es lo que más les importa.

Como anécdota, el otro día hablando con mi abuela, me dijo que quería ver una serie que le habían comentado, le dije que podía conseguirla con subtítulos y su respuesta fue literalmente: “Yo no quiero estar leyendo la pantalla, quiero enterarme de la historia”. Con esto, solo quiero enfatizar lo anterior.

Hay de todo, personas que quieren aprender idiomas a través del cine o de las series, (lo cuál animo a todo el mundo a que lo haga porque realmente ayuda),  y personas que lo que les interesa es simplemente entretenerse un rato y, en mi opinión, creo que hay espacio para todo.

Para mí, esto es una cuestión de educación y de costumbres, y al final, el que quiere aprender idiomas lo hace con o sin doblaje.

Preguntas y más preguntas

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Hace unas semanas hice una entrevista de trabajo para un puesto en una central de reservas de una empresa multinacional. Buscaban urgentemente a una persona que hablara inglés y alemán para estar en un call center y no les importaba que no tuviera experiencia. Mi sorpresa fue que, al ver mi currículo, la persona que me hizo la entrevista me miró muy seria y me dijo: “Ah, pero veo que eres traductora. Nosotros buscamos a alguien que quiera quedarse en la empresa. Supongo que tu quieres dedicarte a la traducción”. Supones bien, pensé.  Lo más gracioso fue que, dos minutos antes, ella misma me había dicho que los contratos que hacían eran de máximo 6 meses.

Cuento todo esto porque en ese momento no supe si reír o llorar. Se me ocurrieron mil cosas que decirle a esta persona. Podría haberle dicho que ojalá fuera traductora, que ojalá alguien me diera una oportunidad sin tener experiencia. ¡Ay!, si supiese lo complicado que es hacerte un hueco en el mundo de la traducción. Y es ahí a donde quería yo llegar. 

Hace más o menos un año que acabé Filología Inglesa y que decidí coger “el camino difícil”. La mayoría de mis compañeros de promoción escogieron lo que yo llamo “el camino fácil”. No es que lo sea, (que no se me echen encima los profesores) me refiero simplemente a que, cuando estudias filología, la gente automáticamente asume que quieres ser profesor de inglés. Pero ese no era mi caso, a mí nunca me ha gustado dar clase y tenía clarísimo desde el primer día que lo mío no era eso. Al acabar la carrera decidí formarme en traducción, concretamente, empecé el máster en Traducción Audiovisual del ISTRAD (que por cierto, está muy muy bien) y también empecé a informarme sobre el sector para saber cómo funcionaba, cómo acceder al mercado laboral y, en definitiva, cómo hacerme un hueco en la profesión. Es ahí cuando comenzaron los bombardeos de información, que básicamente me llevaron a una conclusión: hay que buscarse la vida. Y ahora diréis que en cualquier profesión tienes que buscarte la vida tú mismo. No lo discuto, pero en este caso especialmente. Puede que, a los estudiantes de Traducción e Interpretación les expliquen cómo funciona el mundillo durante la carrera, pero a los estudiantes de filología como yo, no nos dan ni una pista. Y son muchas las preguntas… ¿Quiero trabajar en plantilla? ¿Cómo y dónde busco empresas de traducción? ¿Me presento en la empresa con mi CV o lo envío por email? ¿Me hago traductor autónomo? Y en ese caso, ¿Cómo consigo clientes?  ¿Se puede vivir de la traducción? Y la más importante: ¿Por dónde empiezo?

Yo ya he pasado la fase de todas esas preguntas y durante estos últimos meses me he dedicado a mejorar y adaptar mi CV y a enviarlo a agencias de traducción, he hecho varias pruebas (fallidas) e incluso me estoy planteando ser traductora autónoma. Cómo veis, no he hecho más que empezar y os aseguro que siguen quedando muchas preguntas en el aire. Eso sí, ¡las ganas de adentrarme en en este mundo no me las quita nadie!

¡Empezamos!

Este pequeño espacio nace de la necesidad de compartir opiniones, de aprender, comentar y resolver dudas sobre el mundo de la traducción desde mi humilde (y novato) punto de vista.

La realidad, es que cuando acabas la carrera te “sueltan”, por decirlo de alguna manera, en la vida real y hay que buscarse la vida aún sin saber por donde empezar. Por lo que he podido comprobar desde hace unos meses, la vida del traductor es bastante solitaria y he tenido que buscarme la vida para aprender a moverme en este sector tan complicado (al menos por ahora). Hace bastante tiempo que leo infinidad de blogs sobre traducción que me han ayudado en mi andadura como traductora y que me han aclarado bastantes dudas. Así que, después de darle muchas vueltas (pensando que podía aportar), yo también he sentido la necesidad de expresarme sobre lo que veo, leo y pienso. Es por eso que abro este blog, para tratar temas como la traducción, el cine (una de mis pasiones) y también las lenguas, ya sea la española, la catalana o la inglesa, que son las lenguas que hablo, o la alemana, que es la que actualmente estoy estudiando. Así que sin más dilación, ¡empezamos!